EMOCIONES

He observado el curso de lo que se mueve cuando se siente la emoción que se enterró en el olvido del cuerpo-tierra,  que como mecanismo-defensa el mismo cuerpo ha guardado en las profundidades dejando vestigios. 

 

Que a opción voluntaria se desencarnan como las espinas que entran profundo en capas delgadas de la piel, transparentes, que vemos pero no alcanzamos.

 

La emoción es lo que nos mueve. Lo que nos construye y también lo que nos destruye. El pensamiento sigue a la emoción, lo he comprobado en el sentir cotidiano. Mis pensamientos automáticos están guiados por una especie de río inconsciente que va formando mapas en el cuerpo. Contracciones, dolores físicos. Así, solamente sintiéndolo es como descubro cómo mi emoción me atrapa en la percepción que se fija como una realidad, y que esa se vuelve mi acuerdo de realidad. Que al mismo tiempo comulga con el colectivo cercano, pues el campo de vibración se atrae mutuamente. 

 

Observo los múltiples condicionamientos. El ejercicio de recapitular me va desdoblando y mostrando las capas encarnadas de realidad creada como un campo mórfico en el universo de mi cuerpo. Soy lo que siento, y soy lo que pienso, soy lo que hago con ese pensamiento sentimiento. 

Me estoy titulando como antropóloga de mi propia existencia. Me deshago de lo que pensé que era para encontrar mi verdadera esencia.

 

A mi niña la abrazo, le canto y la pinto de colores, en el intento de que mi propia verdad REVERBERE. Esa voz fue enterrada a los 6 años por sentirse inadecuada. 

 

El nuevo mapa que trazo es empezar a sentir diferente, a crear ríos nuevos. A limpiar con el aliento los viejos y estancados vestigios que ya no me sirven, ya no están al servicio de la vida.

 

Encarno y escribo una nueva historia, agradeciendo lo que fui y lo que cree en el pasado porque solo así puedo en el presente darme cuenta de lo que verdaderamente quiero co-crear en este campo de existencia. 

 

Primero deshierbar para después sembrar.